BOLETÍN FEBRERO
BOLETÍN FEBRERO
El Miércoles de Ceniza volvió a recordarnos que la fe también se vive en los gestos sencillos que invitan a detener el paso y mirar el corazón. Con la imposición de la ceniza, la Iglesia abre el camino de la Cuaresma, un tiempo que no solo llama a la penitencia, sino también a la esperanza de una vida que se renueva cuando se vuelve a lo esencial. En medio de las celebraciones litúrgicas, los silencios compartidos y las palabras que invitan a la conversión, la ceniza se convierte en signo: somos frágiles, sí, pero también somos tierra fértil donde Dios continúa sembrando su gracia.
En esta jornada, el equipo de la Misión Vocacional junto con los inquietos y aspirantes que hacen parte de la Casa Manresa se unieron a las celebraciones del día acompañando la pastoral en distintos espacios educativos. La presencia en los colegios San Bartolomé La Merced, Fe y Alegría San Vicente, y Santa Luisa permitió compartir con estudiantes, docentes y comunidades educativas un momento de oración y reflexión que marcó el inicio de este camino cuaresmal.
Más que el inicio de una celebración histórica, la jornada fue una experiencia de encuentro. En aulas de clase, capillas y espacios de pastoral, la imposición de la ceniza se transformó en una invitación a revisar la vida, a reconocer aquello que necesita ser transformado y a abrirse al llamado de Dios que nos sigue hablando en lo cotidiano. Para quienes se encuentran en proceso de discernimiento vocacional, este momento adquiere un sentido especial: la Cuaresma se convierte en una escuela interior donde aprenden a escuchar el llamado vocacional y acompañan a otros en su propio camino de discernimiento.
Para los jóvenes inquietos y aspirantes a la Compañía de Jesús, la experiencia también fortaleció la conciencia de su llamado. Acompañar a otros en el inicio de la Cuaresma significa, al mismo tiempo, dejarse interpelar por ella: reconocer cómo Dios actúa en la vida de los demás y descubrir, en medio de esas historias, la invitación que nos hace a una vida entregada al servicio.
Así, la jornada del Miércoles de Ceniza se vivió como un signo de comunión con las obras de la Compañía de Jesús y con las parroquias locales. Entre ceniza, oración y encuentros, la misión vocacional dio un paso más en su propósito de caminar con los jóvenes, ayudándoles a descubrir que la conversión no es solo un momento del calendario litúrgico, sino un camino permanente hacia una vida más reconciliada, más consciente y más disponible para el servicio.