9 al 9: memoria que moviliza a las juventudes
9 al 9: memoria que moviliza a las juventudes
El pasado 9 de abril, desde el Colegio Mayor de San Bartolomé, se dio inicio al proceso del “9 al 9”, una apuesta formativa y pastoral que reúne a jóvenes de distintos colegios y obras de la Compañía de Jesús en torno a la memoria histórica, los derechos humanos y la reconciliación en Colombia. En un día profundamente simbólico para el país, marcado por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el estallido del Bogotazo, las juventudes se reunieron para abrir un proceso de reflexión que busca mantener viva la memoria de las víctimas y asumir un compromiso activo con la construcción de paz.
El encuentro estuvo atravesado por un llamado claro a reconocer la historia reciente del país, escuchar el clamor de las más de nueve millones de víctimas del conflicto armado y acoger los aportes de la Comisión de la Verdad como un camino para comprender lo ocurrido y transformar las realidades presentes. Desde esta perspectiva, el “9 al 9” no se entiende únicamente como una conmemoración, sino como un itinerario pedagógico y espiritual que invita a caminar durante varios meses en clave de memoria activa.
Desde la espiritualidad ignaciana, este proceso se asume como una invitación a ir más allá del conocimiento intelectual de los hechos, para entrar en una experiencia que compromete el corazón, la sensibilidad y la acción. Recordar implica también discernir, es decir, preguntarse qué nos dice hoy esta historia y cómo estamos llamados a responder frente a ella desde la justicia, la verdad y la reconciliación.
En este primer encuentro, las y los jóvenes expresaron su deseo de no permanecer indiferentes ante el dolor del país, sino de asumir una postura activa frente a las heridas sociales que aún persisten. Se reafirmó así el compromiso de caminar juntos en la construcción de una paz posible, inspirada en el Acuerdo de Paz de Colombia, y en la convicción de que la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una tarea viva que se hace presente en las decisiones cotidianas.
El “9 al 9” inicia entonces como un camino que une fe, historia y compromiso social, donde las juventudes se reconocen llamadas a ser memoria viva, a ponerse del lado de las víctimas y a transformar el dolor en esperanza activa para el país.