Claveriada 2026: una experiencia para descubrir la vocación desde la vida compartida.
Claveriada 2026: una experiencia para descubrir la vocación desde la vida compartida.
Por:Jose Luis Peña
Comunicaciones RJI /MV
Hay encuentros que nacieron de una invitación. Otros, de una necesidad. Pero algunos nacieron de un sueño compartido.
Hace más de una década, la juventud ignaciana en Colombia comenzó a imaginar un espacio donde jóvenes de diferentes regiones, obras y experiencias pudieran encontrarse, reconocerse como parte de una misma familia, compartir la vida, discernir juntos y renovar su compromiso con la transformación de sus territorios.Así nació la Claveriada.
Inspirada en la vida y el testimonio de San Pedro Claver, SJ, esta experiencia se consolidó como el principal encuentro de la juventud ignaciana en Colombia. En 2014, Cartagena acogió la primera edición, dando inicio a una apuesta por articular a las juventudes en torno a la paz, la justicia y los derechos humanos. En 2017, Buga reunió a cerca de 300 participantes bajo el lema "Testigos de amistad y reconciliación", invitándolos a tejer nuevas relaciones y a construir esperanza para el país. Más adelante, en 2022, Santander hizo posible el reencuentro tras la pandemia, revitalizando la cultura del encuentro, la escucha y el compromiso con la verdad y la reconciliación.
Ese camino continuó en 2026, pues del 23 al 29 de junio, cerca de 500 jóvenes provenientes de diferentes regiones de Colombia y de otros países como Paraguay,México y Brasil,se reunieron en Medellín para vivir la Claveriada 2026, bajo el lema "Peregrinos de la Esperanza y la Reconciliación". Durante siete días participaron en un itinerario de espiritualidad, formación, servicio y discernimiento que los invitó a fortalecer su fe y a renovar su compromiso con la reconciliación, la esperanza y la transformación de sus comunidades.
La experiencia comenzó con la acogida en el Colegio San Ignacio de Medellín, donde abrazos, reencuentros y nuevas amistades marcaron el inicio de una semana de oración, convivencia, aprendizaje y misión. Desde las primeras horas, quedó en evidencia la riqueza de una comunidad diversa, unida por el deseo de seguir a Jesús al estilo de San Ignacio de Loyola y San Pedro Claver.
En un país que sigue necesitando puentes para el diálogo, la reconciliación y la construcción de paz, la Claveriada volvió a demostrar que la esperanza también se construye caminando juntos. Durante una semana, los participantes compartieron sus búsquedas, pusieron sus dones al servicio de los demás y renovaron su compromiso de ser peregrinos de esperanza en sus comunidades y territorios.
Tras la acogida y la apertura oficial del encuentro, la Claveriada 2026 dio paso a uno de sus momentos más significativos: las experiencias Mar Adentro, inspiradas en el relato del Evangelio de Lucas (5, 1-11), cuando Jesús invita a Simón a "bogar mar adentro y echar las redes". Esta propuesta, profundamente arraigada en la espiritualidad ignaciana, invitó a los participantes a salir de sus seguridades, confiar en la acción de Dios y dejarse transformar a través del encuentro con Dios, con los otros y con la realidad.
Durante varios días, los cerca de 500 jóvenes se distribuyeron en 19 experiencias simultáneas, diseñadas para responder a las diversas búsquedas, intereses y procesos de discernimiento de los participantes. Cada una de ellas ofreció una manera distinta de vivir la fe, el servicio y la misión, permitiendo descubrir que Dios continúa llamando en los diferentes escenarios de la vida.
Las experiencias de misión de servicio llevaron a los jóvenes a compartir con comunidades tanto rurales como urbanas. En el municipio de Fredonia (Antioquia), los participantes se distribuyeron en más de siete veredas, donde convivieron con familias campesinas, participaron de la vida comunitaria y realizaron actividades pastorales, formativas y de servicio, fortaleciendo el vínculo con las realidades rurales del país. De manera paralela, la misión urbana se desarrolló en el municipio de Bello, donde los jóvenes caminaron junto a comunidades, organizaciones y procesos locales, haciendo presente el Evangelio desde la cercanía, la escucha y el compromiso con las periferias urbanas.
Quienes optaron por el Peregrinaje con Sentido recorrieron caminos del Oriente antioqueño, visitando los municipios de El Santuario, Guatapé, Marinilla y Granada. Inspirados en la experiencia de Camino Claver, el caminar se convirtió en una oportunidad para contemplar la creación, escuchar la historia de los territorios y descubrir en cada paso una invitación a la reconciliación con Dios, con la memoria y con la Casa Común.
En el ámbito del compromiso social, la experiencia de Incidencia Política Ignaciana reunió a jóvenes en dos propuestas formativas. Ubuntu Camp promovió el liderazgo comunitario desde la filosofía africana "soy porque somos", fortaleciendo el trabajo colaborativo y la participación juvenil. Por su parte, Encarnación invitó a profundizar en la relación entre fe, política y transformación social, inspirándose en la contemplación de la Encarnación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y en el llamado a comprometerse con la realidad para colaborar en la construcción del bien común.
La dimensión espiritual también ocupó un lugar central. Los Ejercicios Espirituales ofrecieron espacios de silencio, oración y discernimiento para quienes deseaban profundizar en su relación con Dios, mientras que la experiencia de Taizé permitió vivir la contemplación a través de la oración comunitaria, el canto y el silencio, favoreciendo una experiencia profunda de encuentro interior.
Por su parte, la experiencia Curiosidad por la Vida Religiosa tuvo lugar en el Noviciado San Francisco Javier de Medellín, con el acompañamiento de Misión Vocacional. Allí, los jóvenes compartieron la vida cotidiana del noviciado, conocieron el proceso de formación de los jesuitas y dialogaron con distintas comunidades religiosas femeninas y masculinas, acercándose a la riqueza de la vida consagrada desde el testimonio y el discernimiento.
El arte también se convirtió en un camino privilegiado para encontrarse con Dios. La macro experiencia de Arte, Cultura y Espiritualidad reunió diferentes propuestas que integraron teatro, danza, música, cerámica, recorridos culturales y expresiones artísticas, reconociendo la creatividad como un lenguaje capaz de expresar la fe, fortalecer la vida comunitaria y abrir nuevos caminos de contemplación.
Finalmente, la experiencia de Reconciliación Ecológica, vivida en modalidad de campamento Scout, invitó a los participantes a profundizar en la ecología integral desde la vida al aire libre, la contemplación de la naturaleza, el trabajo en equipo y el compromiso con el cuidado de la Casa Común, reafirmando que la reconciliación también pasa por nuestra relación con la creación.
Cada una de estas experiencias confirmó que Mar Adentro fue mucho más que una metodología del encuentro. Se convirtió en una invitación a salir de la comodidad, dejarse sorprender por Dios en la realidad y regresar a los territorios con nuevas preguntas, aprendizajes y el compromiso de seguir construyendo esperanza y reconciliación allí donde cada joven está llamado a servir.
¡Volver con la red llena de esperanza!
Al regresar de las experiencias Mar Adentro, los jóvenes volvieron a reunirse como una sola comunidad para compartir aquello que habían descubierto durante los días de misión, peregrinación, oración, arte, servicio y discernimiento. Inspirados nuevamente en el pasaje del Evangelio de Lucas (5, 1-11), el encuentro los invitó a preguntarse: ¿qué traigo hoy en mi red?, ¿qué pesqué durante este camino?, ¿qué signos de esperanza llevo conmigo para regresar a mi comunidad?
Este ejercicio permitió reconocer que cada experiencia había dejado frutos distintos, pero complementarios. Las historias compartidas, los rostros encontrados, los aprendizajes, las preguntas y los compromisos asumidos se convirtieron en una gran red tejida por cientos de jóvenes que descubrieron que la esperanza también se construye cuando se camina con otros y para otros.
El tercer momento de la Claveriada también estuvo marcado por una profunda reflexión sobre el pasado reciente de Colombia y el desafío permanente de construir reconciliación. Uno de los espacios más significativos fue el diálogo con el P. Francisco de Roux, SJ, quien, desde su experiencia al servicio de la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación en el país, invitó a los jóvenes a comprender que la paz no es únicamente la ausencia de violencia, sino un compromiso cotidiano con la dignidad humana, la escucha y el reconocimiento del otro. Su conversación con el joven activista ambiental Francisco Vera permitió tender un puente entre generaciones, mostrando que la construcción de un país reconciliado también necesita de las voces jóvenes que hoy lideran causas sociales, ambientales y de participación ciudadana.
Después de este diálogo, el silencio cultivado durante las experiencias Mar Adentro encontró un nuevo significado en los Diálogos de Memoria, liderados por el periodista y fotoperiodista Jesús Abad Colorado. A través de su recorrido por décadas de conflicto armado en Colombia, compartió cómo la fotografía ha sido, al mismo tiempo, una herramienta de denuncia, un acto de memoria y un testimonio de la capacidad de las comunidades para resistir, reconstruirse y mantener viva la esperanza. Sus imágenes recordaron que, incluso en medio del dolor, la vida siempre encuentra caminos para florecer y que el amor sigue siendo la fuerza que hace posible imaginar un futuro en paz.
Como signo concreto de este compromiso con la memoria y la reconciliación, la jornada concluyó con una Peregrinación del Silencio por las calles de Medellín. Cientos de jóvenes caminaron juntos en memoria de las víctimas del conflicto armado colombiano, haciendo del silencio una expresión de respeto, oración y compromiso con la no repetición. La peregrinación culminó en la sede de Comfama, donde la comunidad de la Claveriada se reunió para cerrar este momento de contemplación, reafirmando que recordar también es una forma de sanar y que la memoria solo encuentra sentido cuando impulsa la construcción de una paz duradera.
De esta manera, el tercer momento de la Claveriada 2026 permitió comprender que volver de Mar Adentro no significaba regresar al mismo lugar, sino hacerlo con una mirada transformada. Las redes ya no volvían vacías: estaban llenas de nombres, historias, aprendizajes y compromisos. Cada joven regresó con la certeza de que la esperanza no es un discurso, sino una tarea compartida; y que, como Peregrinos de la Esperanza y la Reconciliación, están llamados a seguir tejiendo comunidad, cuidando la memoria y trabajando por un país donde la justicia, la verdad y el encuentro sean siempre el horizonte.
La Claveriada también se consolidó como un gran escenario para el diálogo, la escucha y el discernimiento comunitario. Más allá de las experiencias Mar Adentro, los jóvenes encontraron espacios para compartir sus preguntas, confrontar sus realidades y reconocer que la construcción de la reconciliación exige conversaciones profundas y la capacidad de escucharse mutuamente.
Los Booms, diálogos guiados sobre temas como género, liderazgo, sentido de vida, escenarios de paz, despolarización y juventudes, propiciaron encuentros donde las diferencias no fueron un obstáculo, sino una oportunidad para comprender otras miradas y descubrir que el discernimiento ignaciano también se construye en comunidad. Cada conversación se convirtió en un ejercicio de escucha atenta, respeto y búsqueda conjunta del bien mayor, convencidos de que Dios continúa hablando a través de la experiencia y la voz de los demás.
De igual manera, las asambleas regionales permitieron que las distintas delegaciones evaluaran el camino recorrido, compartieran los desafíos de sus territorios y proyectaran nuevas formas de fortalecer la Red Juvenil Ignaciana en cada una de sus regiones. Estos espacios reafirmaron que la Claveriada no concluye con el encuentro, sino que encuentra su verdadero sentido cuando cada joven regresa a su comunidad dispuesto a seguir tejiendo procesos, liderando iniciativas y manteniendo viva la red que durante estos días se fortaleció.
El camino culminó con la Eucaristía de envío, presidida por el P. Hermann Rodríguez, SJ, Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, quien invitó a los participantes a comprender con mayor profundidad el sentido de la reconciliación. En su homilía recordó que, antes de hablar de reconciliación, es necesario comprender el significado de la conciliación: ese primer paso que nos dispone al encuentro, al diálogo y a la posibilidad de reconocer al otro como un hermano, incluso en medio de las diferencias. Solo cuando existe la voluntad de acercarse, de escucharse y de tender puentes, es posible dar el paso hacia la reconciliación, entendida como la restauración de las relaciones, la sanación de las heridas y la construcción de una paz duradera.
Con este llamado, el Padre Provincial envió a los jóvenes de regreso a sus comunidades, recordándoles que la Claveriada no termina al finalizar el encuentro. Por el contrario, comienza en cada territorio donde estos Peregrinos de la Esperanza y la Reconciliación están llamados a hacer vida lo aprendido, sembrando esperanza allí donde haya desesperanza, construyendo puentes donde existan divisiones y siendo testigos de un Evangelio que se hace servicio, justicia y encuentro.
Así concluyó la Claveriada 2026, dejando la certeza de que la reconciliación no es una meta lejana, sino un camino que se construye cada día. Inspirados por el testimonio de San Pedro Claver y fortalecidos por la espiritualidad ignaciana, cientos de jóvenes regresaron a sus comunidades con las redes llenas de historias, aprendizajes y compromisos, convencidos de que la esperanza solo cobra sentido cuando se comparte y se pone al servicio de los demás.
"Para mí, la Claveriada significó una oportunidad profundamente enriquecedora que me permitió salir de mi zona de confort y comprender, desde la experiencia vivida con la comunidad Encarnación, un poco más de la historia que ha marcado a nuestro país. También me llevo un pedacito de cada uno de mis compañeros, personas valiosas que dejaron una huella en mi corazón y que me inspiran a seguir aportando a mi territorio con mayor sensibilidad, compromiso y esperanza"
Valentina Garzón
"Para mí, la Claveriada fue una experiencia que transformó y fortaleció profundamente mi vocación de servir. Durante esos días confirmé que servir va mucho más allá de hacer actividades o acompañar procesos; es encontrarse con los demás desde el amor y creer que, incluso con acciones pequeñas, podemos aportar a la construcción de una comunidad más humana y significativa. Lo más valioso fue saber que, desde cada momento vivido, impulsamos a que las personas se llevaran una experiencia de esperanza y reconciliación, recordándoles que esta no termina cuando acaba la Claveriada, sino que continúa en su vida cotidiana. Quedé con la certeza de que la esperanza se construye todos los días, en nuestra propia realidad, cuando elegimos actuar con amor, cuidar de los otros y seguir creyendo que siempre es posible transformar nuestro entorno "
Mariana Barney
"Para mí la claveriada significó una experiencia de crecimiento personal que me permitió compartir con personas increíbles y descubrir el valor del servicio, la empatía y el trabajo en comunidad. Durante esos días viví momentos de reflexión, aprendizaje y alegría que me ayudaron a salir de mi zona de confort, conocer nuevas realidades y valorar aún más las pequeñas acciones que pueden generar un impacto positivo en la vida de los demás. Además de los recuerdos inolvidables y las nuevas amistades que me dejó esta experiencia, también me llevo muchas enseñanzas que quiero aplicar en mi vida diaria, con el compromiso de seguir actuando con más empatía, gratitud, solidaridad y esperanza"
Mariano Jordán