Caminando en el Potrero 


Por David Bautista 

Inquieto Vocacional 


Al inicio tenía miedo ya que me habían escogido como el coordinador, ya que era una responsabilidad grande y nunca lo había hecho,al llegar a Choachí me invadió un sentimiento de alegría y emoción al saber que iba a vivir un año más conviviendo con las personas en el campo, creo que es de las experiencias más hermosas que hay en la vida y soy muy agradecido con ella porque al llegar a la vereda del potrero grande compartir con la comunidad campesina y la pequeña comunidad con el hermano Rafael, Guillermo,Matías Yela,Matías Arango y Cristian la comunidad nos recibió alegremente en el domingo de ramos me fascinó ver la dedicación la entrega desde el primer momento de toda la comunidad para vivir la semana santa de la manera más solemne posible, ya que si algo logré observar es que son muy tradicionales, conociendo la familia del profesor de la vereda quien muy amablemente nos dio un mapa para hacer nuestro recorridos en las visitas, donde nos dividimos en dos grupos para el día lunes recuerdo muy bien esa primera casa con una fachada verde y por dentro azul donde nos recibió la familia del señor Ángel su hija y su nieta quienes no recibieron con los brazos abiertos dejándonos entrar en lo más íntimo en su hogar, pasamos casa por casa familia por familia donde nos recibían muy amablemente,recuerdo muy bien una casa un poco antigua y grande dónde vive Don Pedro y doña Julia una pareja ya entrada en edad Don Pedro no tenía una pierna ya que hace algunos años se le habían quitado por problemas de salud doña Julia quién era su apoyo lo acompañaba en cada momento nos recibieron de una forma muy hermosa e incluso Yo diría que se me escurrieron unas lágrimas, aunque nos habían comentado que no tenían hijos sus sobrinos jamás los dejaban solos sino que estaban pendientes a sus movimientos, por las tardes acompañábamos a los niños de la vereda donde les explicábamos desde una forma didáctica sencilla y con el juego aquel misterio pascual el primer día tuvimos una Pascua juvenil e infantil donde un compañero se vistió incluso de Jesús repartimos el pan y dimos gaseosa como si fuese el vino jugamos nos divertimos así pasaron tres días, donde pasamos por la cruz que por medio de la pintura logramos construir de una forma creativa cada niño y cada niña y por último por la plastilina donde pudimos interpretar esa Pascua de resurrección los niños y las niñas eran muy entregados, recuerdo muy bien a Lupita una niña de 5 años que me dejó perplejo por sus grandes conocimientos sobre su amigo Jesús como ella le dice el jueves fue un día atareado donde recordábamos aquella última cena con el señor más en comunidad logramos organizar una eucaristía no para nosotros sino para la comunidad, el viernes caminando por la vereda como si estuviésemos en aquel calvario cada estación cada paso que dábamos lo dábamos en conjunto como un solo cuerpo, a mí curiosamente en el sermón de las siete palabras me correspondió la palabra “mujer ahí tienes a tu hijo hijo ahí tienes a tu madre” me contaban que dije algo profundo pero sabes creo que no fui yo sino el espíritu porque siendo sincero no me acuerdo pero me dijeron que que les gustó mucho, día sábado fue un día hermoso un día en el que mi pequeña comunidad logramos algo increíble nos ayudamos y las risas no faltaron y en aquella noche o noche tan gloriosa con la comunidad con esa luz ese faro qué es Cristo me dió tanta paz, cada noche terminábamos con broche de oro escuchando cada testimonio cada encuentro con el amado que han tenido mis compañeros con lágrimas con alegrías con frustraciones pero sobre todo con amor si algo aprendí es que un abrazo dice más que mil palabras en aquellos momentos de dolor. Viviendo la Semana Santa con mis compañeros, me di cuenta que por medio de ese pequeño liderazgo la viví con alegría, más mi misión era que mis compañeros vivieran su semana Santa de la mejor forma y que por medio de ellos toda la comunidad me ha tocado en lo más profundo, eso es lo que puede decir este humilde labrador gracias.